viernes, 12 de marzo de 2010

13º día Puno-Copacabana

A las 4:30 de la mañana llegamos a Puno, el bus para Copacabana salía a las 7:30 por lo que teníamos 3 horas para no hacer nada. Este es el problema con las empresas de buses en Perú, te venden un pasaje directo, pero finalmente tienes que cambiar de bus y esperar bastante. Luego de 15 minutos de bajar del bus, entre dormida y de malas pulgas, no podía encontrar mi carnet de identidad. No era una buena noticia porque en 4 horas más íbamos a cruzar la frontera y sin el carnet era imposible salir de Perú. Hice todo lo posible, busqué en mi mochila, en todos mis bolsillos, en los de Gasp también. Fui a buscar el bus en el que habíamos llegado, y no estaba, ya había partido. Fui al baño y busqué los últimos soles que nos quedaban para tomar un taxi, e ir a la policía. Cuando ya no tenía más opción y todas mis esperanzas de encontrar el bendito carnet se desvanecían, me dio calor y me saqué la chaqueta y milagrosamente ahí estaba, en el gorro de mi chaqueta. Seguramente en algún momento lo puse sobre ella y se quedo en el gorro por mucho tiempo.

Ya que no debía ir a la policía, aún me quedaban algunos soles para gastar y decidimos comer algo y tomar un te caliente, hacía demasiado frío.

Luis todavía estaba por ahí, así que fuimos a compartir un poco con nuestro amigo fugaz, dimos una vuelta por la costanera del lago Titicaca, ya era de día y solo quedaba una hora para que el bus partiera. Luis se quedaba en Puno, donde haría un tour por las islas flotantes y luego se iría a La paz o algo así. Nos despedimos y al parecer pasaremos la navidad juntos en Uyuni.

En el bus dormí casi todo el camino, me desperté justo en el momento cuando teníamos que pasar la frontera. En la frontera no había nada muy interesante, pero por fin íbamos a cambiar un poco y conocer las diferencias entre Perú y Bolivia. Hay tantos extranjeros que pasar la frontera es un mero trámite, es increíble la cantidad de turistas que hay (en el bus sólo habían extranjeros), me imagino como será en temporada alta.

Después de una hora app. Llegamos por fin a Copacabana, como no había nada muy interesante que ver (o eso pensábamos al menos), tomamos nuestro boleto para la Isla Del Sol, donde habíamos escuchado que era muy bonita y además se podía acampar. El día no era tan feo, el sol pegaba fuerte pero hacía frío en el barco. El viaje en bote dura app. 1 hora y 1/2. En la parte sur de la isla del sol está el pueblo Aymará Yumani. Cuando llegamos, lo primero que hacemos es pagar un boleto que nos permite entrar en la isla y se supone que con eso ayudan a la comunidad. Subimos unas escaleras incas hasta llegar a un camino que llevaba a unas ruinas a la derecha o al pueblo un poco más arriba. Los efectos de la altitud ya se hacían notar. Subíamos un poquito y nos faltaba el aire. La isla del sol está a más de 3800 m.s.n.m. y subimos hasta casi los 4000. Los días en Cuzco nos sirvieron mucho para aclimatarnos, pero el peso de las mochilas y todo era un poco difícil.

Esta vez decidimos tomar un guía, el tipo era muy simpático y nos permitió dejar las mochilas en su casa. Nos ofreció también un hostal que costaba 15 bolivianos, pero teníamos que pensarlo un poco. Hace tiempo que no acampábamos.

LAs nubes alrededor de la isla no se veían muy amistosas y me habían dicho que los granizos eran recurrentes en esta época. La lluvia no me molestaba, el frío tampoco, pero con el granizo no me daban muchas ganas de acampar, pensando además en lo barato del hostal. Fuimos con un grupo de personas no muy grande a unas ruinas preincas. El guía nos contaba que en esta isla había nacido Manco Capac, el fundador del Tahuantinsuyo Inca y su esposa Mama Oqllo.

Las ruinas que visitamos correspondían a un templo del sol. El lugar no era tan impresionante pero se supone que correspondían a los inicios de los incas.

Después de toda la gente que tomó el tour por el día y se fue, sólo quedamos yo, Gaspard, el guía y una chica de España. Conversé con ella y nos contó un poco de su viaje por San pedro y nos dio algunos datos. Recogimos nuestras mochilas de la casa del guía y en el camino nos contaba como se vive en la isla, donde solo conviven comunidades aymara. Algunos pescaban y otros cultivaban y se intercambiaban los productos, nada se vendía y hace sólo 9 años que tenían luz eléctrica.

Algunos vivían también del turismo. Había además muy pocas personas fuera de la comunidad aymara que tenían tierras, sólo 7 u 8. Le preguntamos donde podíamos acampar y nos dijo que cerca del pueblo había un bosque de eucaliptos. Nos recomendó que tuviéramos cuidad con la lluvia y las personas. En n principio quería quedarme en el hostal, era muy barato y tenía un poco de miedo del granizo pero finalmente subimos al bosque para instalar nuestra carpa. Comimos, leímos y miramos un poco el paisaje antes de dormir. Estaba muy cansada, la altura me hizo sentir muy mal esa noche y tenía demasiado frío, luego de comer y descansar un poco me sentía mejor. Nos acostamos a dormir y derepente vi una luz, al principio pensé que era alguien con una linterna, pero después me di cuenta que había sido un rayo y que había una tormenta eléctrica. Me dio mucho miedo le alegué a Gasp durante mucho rato, por no haber querido quedarse en el hostal. En chile no hay tormentas eléctricas y si hay, no me he enterado porque nunca vi una, por lo menos en Valparaíso. Después de unos cuantos rayos, pensé que lo mejor era relajarse y dormir. La tormenta estaba lejos y aunque se acercara, estábamos lejos de la parte más alta de la isla, así que era difícil que nos llegara un rayo.

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